Salvador-CarreraSegún la Biblia, Emaús es un pequeño pueblo situado a unos diez kilómetros de Jerusalén (Lc 24, 13); ahí sucedió esta maravillosa historia: dos discípulos de Jesús que volvían a casa, conversaban y discutían, muy desalentados, los recientes acontecimientos de la crucifixión del Maestro. De repente, alguien se les emparejó en el camino y se puso a charlar con ellos, explicándoles muchas cosas.

Cuando llegaron a su pueblo, el desconocido hizo como que seguía su camino, pero ellos le dijeron “Quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba”, a lo que él aceptó. Cuando estaban sentados a la mesa para cenar, el desconocido partió el pan y lo bendijo; fue entonces que se abrieron los ojos de los peregrinos y reconocieron que era Cristo, que había resucitado. Él desapareció de su vista y ellos se dijeron “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino?” (Cfr. Lc 2, 13-32).

En Hogar Emaús tenemos la fortuna de que esta historia se repite cada día. Hospedamos a muchos desconocidos que han llegado a nuestro lado en el camino de la vida y a cada uno de ellos le decimos “quédate con nosotros porque ya es tarde, el día se acaba”.

Continuamente vivimos el acontecimiento de recibir en nuestra casa a quienes en un principio no reconocemos y con quiénes cada día compartimos el pan y, al abrir bien los ojos, nuestra mente se ilumina, nuestro corazón arde y milagrosamente dejan de parecernos extraños; ahora son la imagen del Maestro a quien debemos amar y servir, su presencia en nuestra casa da sentido a lo que somos y hacemos.

Cada uno de nuestros huéspedes tiene un nombre y una historia, también sufren la necesidad ante el infortunio de la propia enfermedad o la de un familiar. Eso los hizo tener que salir de su propia casa, en ocasiones sin lo más indispensable. Trabajamos por aliviar su situación, los convertimos en parte importante de nuestra vida. Para ellos existimos como Fundación. Servirlos y ayudarlos es la razón de nuestra misión.

Estoy convencido de que Dios se manifiesta cada día en Hogar Emaús. Somos testigos de los signos de su amor que, si ponemos atención, los podremos descubrir en el agradecimiento de los pobres y de los enfermos, en el servicio de nuestros voluntarios, en la sonrisa de los niños, en el profundo sueño de quienes han confiado en nosotros para descansar y reponer sus fuerzas.

Indudablemente, Dios está en el dolor y sufrimiento de quienes han llegado a nuestro hogar. Nosotros deberemos estar preparados para recibirlo y tratarlo con lo mejor que tenemos en nuestro corazón.

Pbro. Salvador Carrera Pulido
Presidente Fundador Hogar Emaús IAP